
Creemos todo lo que Dios ha revelado, todo lo que actualmente revela, y creemos que aún revelará muchos grandes e importantes asuntos pertenecientes al reino de Dios. (Articulos de Fe 1:9)
En estos días hemos visto una nueva noticia en cuanto a los estándares de vestimenta de los Élderes. Esto nos ha tomado por sorpresa y aunque no se aplicará en todas las áreas, ha traído una gran cantidad de opiniones acerca del tema, ya sea a favor o en contra. Como inicia este post, Creemos todo lo que Dios ha revelado, todo lo que actualmente revela, y creemos que aún revelará muchos grandes e importantes asuntos pertenecientes al reino de Dios. Por lo que estamos en un continuo cambio y ajustes acerca de las normas de la Iglesia. En los últimos años, estos ajustes se vienen dando muy a menudo.
Una de las razones por las que estas medidas se han tomado es para evitar fuentes de contagio de enfermedades ya que en ocasiones las corbatas son nidos y fuentes de contagio. Sin embargo hay más razones y todas ellas vienen inspiradas por el Señor.
Es legítimo tener una opinión en cuanto estos asuntos ya que a algunos nos gusta una forma de vestir, otros añoramos la forma en la que servimos una misión o recordamos cuando los misioneros venían impecables con sus trajes a predicar a nuestros hogares. Pese a todo esto, hay un abismo entre las diversas opiniones y preferencias y la crítica a los líderes generales de la Iglesia.
En los distintos foros de internet y redes sociales se pueden leer cosas como: «Con esta forma de vestir parecen de todo menos misioneros» , «ahora parecen unos pordioseros «, «antes si habían misioneros de verdad» o «en breve los veremos mostrando el pecho y con pelo largo». Quisiera decir que esta actitud de superioridad no hace mejor a quien la dice, que no hace de menos a los grandes misioneros que se encuentran sirviendo en una misión y no tienen culpa por ser obedientes a las nuevas normas de hoy en día. Ellos sirven con amor y viven las normas con el mismo amor y devoción con la que lo hacíamos los que servimos con normas diferentes o como los misioneros que nos enseñaron el Evangelio en otra época.
Esas críticas salidas de tono solo ponen en evidencia el apoyo que tenemos y damos a los profetas, la aceptación que hay hacia las palabras del Señor y nuestra humildad a aceptar lo nuevo. ¿Por qué nos enorgullecemos de tener un profeta si cuando revela un ajuste o cambio a las normas de la Iglesia no lo aceptamos? Apoyar al profeta y los apóstoles equivale a aceptar lo que decidan porque es algo que viene del Señor después de mucha oración.
Pese a ello podemos seguir teniendo una opinión, podemos aún estar de acuerdo o no, pero cuando levantamos la mano para apoyarlos significa aceptar lo que nos anuncien. Esa crítica feroz y el no aceptar lo nuevo, nos incapacita para poder responder con un sí a la pregunta número 4 de la recomendación para el templo: ¿Apoya al Presidente de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días como el profeta, vidente y revelador; y lo reconoce como la única persona sobre la tierra autorizada para ejercer todas la llaves del sacerdocio?
¿Apoya a los miembros de la Primera Presidencia y del Cuórum de los Doce Apóstoles como profetas, videntes y reveladores?
¿Apoya a las demás Autoridades Generales y a los líderes locales de la Iglesia?
La misión ha cambiado desde los inicios de la restauración a hoy. Lo mismo ocurre con los procedimientos de la Iglesia y sus normas, pero pese a todo, su obra sigue siendo verdadera, dirigida por el Señor y sus Profetas, quienes son hombres que solamente están siendo obedientes, al igual que los misioneros que siguen llevando el Evangelio a todo el mundo.
En conclusión, la doctrina y el Evangelio se predican de manera íntegra, sin variación. Con barba y grandes abrigos como en la antigüedad, con traje o con pantalón y camisa azul, sea como sea, los siervos del Señor siguen predicando que las familias pueden ser eternas y eso es lo verdaderamente hermoso de su labor.
