
En el Libro de Alma podemos ver cuál es la actitud de las personas frente a la misma situación:
Mas he aquí, por motivo de la sumamente larga continuación de la guerra entre los nefitas y los lamanitas, muchos se habían vuelto insensibles por motivo de la extremadamente larga duración de la guerra; y muchos se ablandaron a causa de sus aflicciones, al grado de que se humillaron delante de Dios con la más profunda humildad.
(Alma 62:41)
Llama la atención que de estos dos grupos, unos se acercaron más a Dios y otros simplemente se alejaron. Entonces, ¿Por qué este gran contraste frente a la misma situación? Creo que todo tiene que ver con la actitud.
Estamos en un momento en el que todos estamos pasando terribles pruebas debidas al Covid-19. Algunos estamos separados de seres queridos, otros sin trabajo, otros quizás sin dinero debido a la crisis, a lo mejor algunos se sienten agobiados por estar encerrados y otros quizás estén bien. Todas estas situaciones nos afectan y depende de nuestra actitud, nos pueden hundir o elevar, ¿Qué camino debo elegir?
En Malaquías 4 leemos lo siguiente :
Porque él es como fuego purificador y como jabón de lavadores.
Y se sentará para refinar y purificar la plata, porque purificará a los hijos de Leví; los refinará como a oro y como a plata, y ofrecerán a Jehová ofrenda en justicia.
El Señor es el purificador y nosotros somos la plata la cual hay que purificar, pero, ¿cómo se purifica la plata?
Hay una experiencia de dos mujeres, seguramente ficticia, que nos ayuda a entender.
Cuenta la historia que había dos mujeres que leían la Biblia y leyeron éstos versículos pero no temrinaron de entender debido a que no conocían el procedimiento de cómo se refina la plata, así que decidieron buscar ayuda. Cerca de su hogar había un refinador de plata, a quien acudieron para preguntarle. Llegaron a su taller y preguntaron:
– Perdona Señor refinador, ¿Nos podrías explicar como se purifica la plata?
El hombre un poco ocupado les dice:
– No puedo parar de trabajar pero si queréis a medida que lo hago, os lo voy explicando, y ellas aceptaron.
El hombre se acercó al fuego con una cuchara de plata y les dijo que debía ponerle en calor a mucha temperatura y eso hará que la plata pierda sus impurezas.
Ellas le dijeron :
– ¿Por qué no la dejas y te vas a hacer otras cosas ?
Él contestó :
– Debo estar al pendiente, si la dejo poco tiempo no servirá de nada y si lo dejo demasiado tiempo, la derrito y se echa a perder. Ellas preguntaron:
– ¿Y cuando sabes que está lista?
– Cuando puedo ver mi rostro reflejado en ella.
En las Escrituras podemos leer que el Señor nos probará en el fuego de nuestras aflicciones. A veces prueba a cada uno individualmente y a veces lo hace con todo el pueblo, en este caso es así.
Ese fuego son las pruebas, pero al contrario que una cuchara nosotros somos los que decidimos si somos purificados o no. Podemos tomar la actitud de alejarnos del refinador o de permitir que el imponga sobre nosotros cuanto considere prudente.
Sabemos sin ninguna duda que nunca nos dejará más tiempo del necesario, por lo que si una prueba no es producto de nuestros pecados, con total seguridad, estamos siendo refinados y purificados.
Leemos en Mateo que deber ser perfecto así como Dios lo es, eso a veces parece imposible pero si Él nos lo pide, es porque se puede, ¿Cómo?
Dejando que nos purifique. En Alma 5:14,19 leemos lo siguiente:
Y ahora os pregunto, hermanos míos de la iglesia: ¿Habéis nacido espiritualmente de Dios? ¿Habéis recibido su imagen en vuestros rostros? ¿Habéis experimentado este potente cambio en vuestros corazones?
Os digo: ¿Podréis mirar a Dios en aquel día con un corazón puro y manos limpias? ¿Podréis alzar la vista, teniendo la imagen de Dios grabada en vuestros semblantes?
Solamente llegaremos a ser como Él a medida que soportamos las pruebas con paciencia, nos sometamos a su voluntad y le permitamos que nos refine. Al hacerlo así, su imagen, su rostro, será grabado en nuestros semblante y cuando los demás nos vean, podrán ver al Señor en nosotros. Ese es el propósito de la vida, que vivamos de tal manera que los demás vean al Señor en nosotros. Que soportemos las pruebas con fe y que salgamos de las pruebas siendo más como Él.
Si tomamos las pruebas como una manera de ser refinados, de purificarnos y de ser más parecidos a Jesús, lo haremos gustosos y buscaremos todas las bendiciones prometidas. Nada podrá vencernos y nadie podrá debilitarnos.
Esta pandemia tendrá su fin, pero ojalá solo sea el inicio de nuestra conversión y purificación
