
¿El Señor es justo o misericordioso ?
Esta es una pregunta que a menudo nos hacemos y parece que está en conflicto.
La realidad es que el Señor es tanto justo, como misericordioso.
Vemos que hay gente que puede pensar que si Dios es tan bueno ¿por qué castiga a sus hijos? Ya hubo alguien en las Escrituras que se hizo esa pregunta y de manera satisfactoria Alma hijo respondió a esa cuestión
1 Y ahora bien, hijo mío, percibo que hay algo más que inquieta tu mente, algo que no puedes comprender, y es concerniente a la justicia de Dios en el castigo del pecador; porque tratas de suponer que es una injusticia que el pecador sea consignado a un estado de miseria.
24 Pues he aquí, la justicia ejerce todos sus derechos, y también la misericordia reclama cuanto le pertenece; y así, nadie se salva sino los que verdaderamente se arrepienten.
25 ¿Qué, supones tú que la misericordia puede robar a la justicia? Te digo que no, ni un ápice. Si fuera así, Dios dejaría de ser Dios.
26 Y de este modo realiza Dios sus grandes y eternos propósitos, que fueron preparados desde la fundación del mundo. Y así se realiza la salvación y la redención de los hombres, y también su destrucción y miseria.
27 Por tanto, oh hijo mío, el que quiera venir, puede venir a beber libremente de las aguas de la vida; y quien no quiera venir, no está obligado a venir; pero en el postrer día le será restaurado según sus hechos.
28 Si ha deseado hacer lo malo, y no se ha arrepentido durante sus días, he aquí, lo malo le será devuelto, según la restauración de Dios.
30 ¡Oh hijo mío, quisiera que no negaras más la justicia de Dios! No trates de excusarte en lo más mínimo a causa de tus pecados, negando la justicia de Dios. Deja, más bien, que la justicia de Dios, y su misericordia y su longanimidad dominen por completo tu corazón; y permite que esto te humille hasta el polvo.
Vemos pues, que es necesario que exista tanto la justicia como la misericordia. La justicia exige el castigo hacia el que pecó y la misericordia sin embargo libra del castigo por la gracia de Cristo. Entonces, ¿cómo puede el Señor ser justo y misericordioso a la vez?
La respuesta es el arrepentimiento.
El arrepentimiento hace esa unión entre dos cosas tan opuestas como la justicia y la misericordia.
A veces pensamos que el Señor es tan bueno que perdona sin la condición del arrepentimiento, pero eso es falso.
Una de las historias peor entendidas es aquella de la mujer sorprendida en adulterio la cual entramos en Juan 8:
En esta historia vemos como es llevada al Señor una mujer sorprendida en adulterio, y tendiendo una trampa al Señor, los escribas y fariseos le dicen que la ley de Moisés exige que sea apedreada y le preguntan: y tú ¿qué dices? El señor sin sabiamente dice: quién esté libre de pecado que tire la primera piedra, obviamente nadie lanzó. Hasta aquí todo está muy claro, pero muchos han supuesto que el Señor la perdonó y eso es falso. Leamos que dice el Señor:
7 Y como insistieron en preguntarle, se enderezó y les dijo: El que de entre vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella.
8 E inclinándose de nuevo, siguió escribiendo en la tierra.
9 Al oír esto, acusados por su conciencia, salieron uno a uno, comenzando desde los más viejos hasta los últimos; y quedaron solo Jesús y la mujer, que estaba en medio.
10 Y enderezándose Jesús y no viendo a nadie más que a la mujer, le dijo: Mujer, ¿dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te ha condenado?
11 Y ella dijo: Ninguno, Señor. Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno; vete, y no peques más.
En primer lugar Jesucristo no condenó a la mujer y en segundo lugar, nunca extiende el perdón. Sus palabras son, vete, y no peques más.
Como es bien conocido por todos, uno de los pasos del arreptimiento es no volver a hacerlo.
El señor le está diciendo, no te voy a condenar, pero no te puedo perdonar, ve, arrepiéntete y entonces serás perdonada.
Conclusión:
El Señor no puede extender perdón a un pecador que no se haya arrepentido porque iría en contra de sus leyes. Solo podemos hayar misericordia y perdón con la condición del arrepentimiento. El arrepentimiento es un don y no un castigo.
El arrepentimiento no es más que acercarse al Señor y ser estrechado entre sus brazos de su amor.
«El arrepentimiento diario es, en realidad, un proceso gozoso»
«Si retrasas el arrepentimiento, podrías perder bendiciones, oportunidades y guía espiritual «

Me encantó el artículo , muy bien lamanita 😍
Me gustaMe gusta