Permanecer en la senda y Ser Fiel a los Convenios



Mientras Jesucristo se hallaba ministrando a los 12 apóstoles de la antigüedad, Tomás le dijo: «Señor, no sabemos a dónde vas, ¿Cómo, pues, podemos saber el camino? Jesús le dijo: Yo soy el Camino, y la verdad y la vida; nadie viene al Padre sino por mí»(Juan 14:5-6). De manera similar Nefi, un profeta del Señor, predicó a su pueblo aproximadamente 560 años antes del nacimiento de Cristo, diciendo: «Y ahora bien, amados hermanos míos, esta es la senada, y no hay otro camino, ni nombre dado debajo del cielo por el cual el hombre pueda salvarse en el reino de Dios» (2 Nefi 32:21). Cabe preguntarnos, ¿cómo puedo permanecer en la senda de los convenios y ser fiel a estos convenios?

Vivimos en tiempos convulsionados, pero no desconocidos para el Señor, ni tampoco para los profetas. Ciertamente sus palabras registradas en Las Sagradas escrituras demuestran que conocían las aflicciones, pruebas y tentaciones a las cuales estaríamos sujetos, por lo que inspirados por el Santo Espíritu, proveyeron una fuente de sanación y bálsamo espiritual para que podamos hacer frente a las adversidades con la Fuerza de Dios. Estas palabras sumadas a las de los Profetas modernos son directrices y nuestra liahona para mantenernos en la senda del convenio y mantenernos dignos delante de Dios.

Compartiré con ustedes 3 principios y verdades eternas que nos ayudarán a permanecer fieles en la senda:

En Primer lugar debemos llegar a entender y sentir que somos Hijos de Dios, añadan a esa poderosa frase todas las bendiciones que de ella derivan como linaje Suyo y herederos de Su Reino; al ser sus hijos tenemos el Deber de defender Su nombre y el nombre de Nuestro Salvador y vivir dignos de nuestro potencial. En el Libro de Moisés, cuya tradudcción de la biblia fue revelada al Profeta José Smith, se relata un acontecimiento glorioso y sublime que abrió el entendimiento al profeta Moisés y también reveló ante Él la amargura e influencia de Satanás. Moisés fue arrebatado a una montaña extremadamente alta en donde vio a Dios cara a cara, se le mostraron todas las obras que han sido creadas y se le reveló su origen divino como Hijo de Dios con la potente Frase: «He aquí, tú eres mi hijo». Inmediatamente después de esta gloriosa visión y habiéndose retirado la Gloria del Padre de sobre él, el personaje más ruin y malvado, sí, el que fue llamado transgresor desde el comienzo se apareció ante Moisés pronunciando estas palabra: «Moisés, hijo de Hombre, adórame» a lo que Moisés aún lleno de luz y del Espíritu del Padre respondió: «¿Quién eres tú? Porque he aquí, yo soy un hijo de Dios, a semejanza de su Unigénito.» El mundo ha cambiado sus normas y las reglas de su juego, lo hace constantemente y se vive un pánico desenfrenado por recibir aceptación, donde la moralidad y los mandamientos de Dios son parte de un antiguo culto marginado y ridiculizado. Aunque pasen cielo, mar y tierra, amados hermanos, siempre seremos Hijos de Dios. Esa es una verdad imperecedera, nunca cambia ni lo hará. No caigamos en la tentación de rebajar nuestras normas ni quienes somos, más bien, vivamos siempre con la luz de Cristo en nosotros de modo que cuando el mal aceche nuestros hogares o rodee nuestro corazón, podamos decir como Moisés: «he aquí, yo soy un hijo de Dios»

Permanecer en la senda conlleva más que solo estar en un lugar, inamovible y silente, es una permanencia proactiva y positiva, recordar quienes somos nos ayuda a seguir en la senda aun cuando las tormentas rujan con fuerza.

Segundo; volvernos a la Luz.

Dios y Jesucristo son llenos de luz y de verdad y son la fuente de luz y verdad. No podemos olvidar bajo ninguna circunstancia que la razón por la que hemos hecho convenios es gracias a la palabra de Cristo, teniendo fe inquebrantable en Él y confiando en su poder para Salvar. La verdad del mundo no es la verdad de Dios. Muchos debilitan sus testimonios al ser alimentados y mal nutridos con las turbias aguas de las filosofías de los hombres. Con esto no quiero decir que solo debemos llenarnos de conocimiento doctrinal religioso, pero sí que lo examinemos todo y retengamos lo bueno (1 Tesalonicenses 5:21) Velad y orad para que no entréis en tentación, el Espíritu a la verdad está dispuesto pero la carne es débil. Un cuerpo lleno de luz y verdad comprende todas las cosas y sabe como diferenciar.(DyC 50:23-24)

Tercero y último, Escuchemos y estudiemos las palabras de los Apóstoles y profetas vivientes. Ellos están en una posición donde pueden observar de manera amplia y sentir con profundidad el amor de Dios por todos nosotros, por eso mismo comparten la voluntad del Padre desde el fondo de sus corazones para protegernos y advertirnos del peligro, tal como la atalaya que ve venir al enemigo y da aviso para que estemos apercibidos y sobrevivamos el día malo.

Italo Buglioni

Publicado por El Lamanita

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