El destino divino de la mujer

En los tiempos en los que vivimos podemos ver un movimiento en el que se pide la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, cosa que es fantástica ya que el Señor nos hace iguales y hace llover sus bendiciones para todos por igual. El problema viene cuando se exigen algunos «derechos» yendo en contra de los estatutos y directrices que el Señor ha establecido. Me gustaría enfocarme en el Sacerdocio.

Algunos piensan que el Sacerdocio es un derecho que se debe otorgar a todos por igual, pero no lo es, el sacerdocio es un privilegio y una responsabilidad y ha sido asignada al varón. Solo aquel que es digno puede ejercerlo. Cabe decir que el Sacerdocio se usa para servir y no para ser servido u obtener mayores privilegios. Solo aquel que es humilde puede usarlo correctamente y solamente se puede magnificar con el apoyo de la mujer. Esto no hace mejor al hombre ni con mayores beneficios.
No es sabido la razón por la que los hombres son quienes poseen y administran el Sacerdocio.
Este poder aunque es muy importante y esencial no es el mayor don o poder que se ha dado a los hijos de Dios, hay uno mayor, y este pertenece a las mujeres, es el poder de crear vida.


«El poder de crear vida terrenal es el poder más exaltado que Dios ha dado a Sus hijos»
Dallin H. Oaks, Conferencia General de Abril de 2020

Según las tendencias de la actualidad se puede notar que mientras se exigen algunos derechos para las mujeres, en el mundo se les anima a rechazar y acabar con la mayor bendición que les ha sido dada, que es ser copartícipes con Dios en la creación.
No olvidemos que no hay mayor poder que el de dar vida y crearla.
Las mujeres tienen ese privilegio, derecho y hermosa oportunidad de hacerlo.
He podido notar ese vínculo al ver a mi madre, hermanas y esposa llevar su embarazo.

Satanás intenta que no lo valoremos lo suficiente. Intenta hacernos creer que es de más valor reclamar ciertos derechos y a la vez repudiar un regalo tan grande.

Obviamente una mujer puede hacer lo mismo que un hombre en cuestiones de trabajo, estudios, derechos sociales y un sin fin de cosas. Es de admirar la gran lucha de muchos hombres y mujeres en establecer la igualdad que durante tantos años se negó a tantas mujeres pero para el Señor nunca hubo desigualdad.

En esa lucha en busca de los derechos antes mencionados, no deberíamos olvidarnos que los seres que más se parecen a nuestro Padre Celestial, son Sus bellas y amadas hijas. Aquello que las hace tan parecidas al Padre ese gran poder, el más exaltado que Dios le pudo haber dado a sus hijas.

Publicado por El Lamanita

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